Mi pasión

img_8229Barahona.

La primera gran pasión en mi niñez, la tuve en mi infancia: era el agua, como elemento fundamental en mi vida. El agua me llevaba envuelto en las alas de la metáfora. Todas las tardes de mi casa podía pararme en el balcón y mirar el mar pintado de un azul intenso. Creo que mi pasión por el mar, era casi patológica. Me iba escondido a bañarme a la playa y al río Biran—ambos ejercían en mi una pasión que no he podido olvidar, creo que nunca podría vivir lejos del Mar, escuchar su voz, cuando golpea las rocas o la arena, ver la espuma blanca, esfumarse al morir en la orilla, me da una paz y una fascinación como pocas cosas me ha dado en la vida. Sólo la literatura suple ese sentido.

En mi juventud mi más absorbente pasión era el agua. Me gustaba ir a ver el Mar en el puerto de Barahona y sobre todo ir donde desembocaba el río Biran. Me gustaba ir a ver el espejismo de la Luna sobre el agua. Eso era el único que le daba sentido a mi vida, quizás porque no tenia hermanos con quien conversar. Caminaba sobre el Puerto, a veces llevaba un cordel con anzuelo de pescar y me sentaba en un muro y casi nunca pescaba pero disfrutaba mi aventura. En verdad los mejores recuerdos de mi vida están ahí, en ese puerto que casi hoy en día la gente de mi pueblo no les hace caso. Pero es que el pez, no ve el agua donde vive, así son la gente de mi pueblo, están tan acostumbrados al mar que casi no lo ven, no lo huelen, no lo escuchan. Porque viven en él.

Cuando voy a Barahona me levanto temprano, para ver la salida del sol, con sus grandes brazos que se extienden como pestañas debajo de las nubes blancas. Mientras la brisa marino me termina de despertar de ese cuadro pintado por las manos divina de Dios.

Ya en mi vida de universitario recorrí algunos pueblos de Cibao y del Este —ver  eso campo—me imparto y me marco para siempre en la vida. La zona Sur esta poblado de hombres con mucha nobleza, pero es una sociedad que vive en un permanente destierro de los gobiernos. La mayoría no miran hacia ella, por eso vive una miseria de espanto. He aquí la llave para apreciar con juicio de valor la literatura que escribo. Ahí no hay turismo, tierra buena para el cultivo. Sólo hay una basta superficie lisa. Los campos del Sur, ofrecen el más triste de los aspectos, casa cubierto de palma y lodo, con tablas delgadas de Palma, piso de tierra. En ella vive en campesino del Sur, con su mujer y sus hijos, sin ganados, sin medicina, sin agua. El campesino del Sur vive una vida casi de fantasía en este siglo. El campesino del sur viste todavía rústicamente, con su sombrero, las mujeres se visten de vivos colores. El campesino del Sur todavía ve como un acto de obligación ir a misa los domingos. El campesino del sur presenta una resistencia poco común al trabajo y al sol como ningún otro. Pero lo que mas me duele es que el campesino de sur no tiene tierra.

En esa tierra de olvido—pero de hombre con mucha fe—nacen mis cuentos, de la bondad del Mar, de la dificultad de vivir en una tierra que para ponerla a parir hay que rosearla mucho con el sudor de la frente y luchar con la  resequedad de la tierra. Ahí los personajes los encuentran que salen desde lo mas profundo de las piedras, de la oscuridad de los montes en fin el sur de da un tejido humano de injusticia, venganza y la ingratitud.

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