Adiós muchachos.

Crecí escuchando a Serrat, el mundo tenía la mirada de un niño, los hombres y mujeres se cargaban de poesías vestidas de ilusiones pero con los brazos de las ideas, la gente creía en la gente, y los barrios eran escuelas de luchas de superación.

Hoy los jóvenes van tan deprisa, con tanta rapidez que se pierden lo mejor que tiene: su juventud.

Hay que disfrutar cada paso. La vida, no es una mañana que termina cuando el sol sale.

Para cuándo es la vida, es lo que a veces me pregunto en cada rincón de la casa. El mundo no sueña, vive pesadillas.

Las calles son un carnaval permanente de bestias que invaden los espacios con sus voces.

Las instituciones públicas están ocupadas por Guazones con su diccionario de cantinfladas practicadas.

Muchas aprendidas pero sin saberla. Sus jefes son más analfabetos que los que le sirven. La juventud hoy aunque lleve zapatos de diferentes colores va muy aprisa y cae sin saber en un orificio oscuro de donde no podrá salir jamás.

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