Aquellos días azules de la infancia.

Amigos de la infancia azul

 

 

Ayer andando por esas calles cibernética de Facebook, encontré un buen amigo de esos que nos da la infancia, tenía mucho tiempo que no sabía de él, con aquel amigo fundamos la pandilla de correr bicicletas en las aceras del barrio y jugamos a los vaqueros en los patios.

Saber de él, me trajo recuerdos de los días azules de la infancia y me llevo a pensar en aquellos tiempos en el pueblo, ese pueblo cargado hoy por el olvido y la desventura, donde las piedras lloran en su mudez, por no poder decir nada a la pisada de los políticos de turnos.

Ese pueblo, donde nací Dios, nos dejo montañas, para que cuidaran la mar de sietecolores, tiene un sol, brillante, amarillo, transparente que al caminar por el pueblo lo cubre de un brillo parecida a una obra viviente dejada por  Van Gogh,  con sus líneas ondulantes robada a las mariposas amarillas.

Hoy sus calles están  empolvadas, parecen de un pueblo descrito por Juan Rulfo. Cada vez sube un gobierno nuevo  aparecen por Barahona, como el lobo descrito por Charles Perrault, en su cuento de Caperucita Roja, con una canasta de ofrecimiento que al final se las llevan el viento y el olvido con el polvo de la demagogia en sus uñas.

Pero, a  causa del encuentro fortuito en la red social con el amigo, me quede pensando de aquellos días azules de la infancia en la biblioteca —cuartel de guerra de mis pensamientos—, con la cabeza  ensimismada en el computador.

Escuché en la otra habitación, una canción, que salía a darme respuesta a la reflexión en que me encontraba,  como un pequeño rayo de luz, la canción era de Joan Manuel Serrat.

Esa canción me llego a la sombra y no puedo negar que tenía un ambiente permeable para ponerme nostálgico,   ese catalán, si sabes poner notas a las cuerdas del corazón humano, pensé. –, la canción la había escuchado otras veces, pero hoy, era el día de ella, de esas casualidades que tenemos en  la vida, me había encontrado con los rostros casi olvidado de los muchachos  de la infancia, de algunos endurecidos por el tiempo, otros con el pelo ido a destiempo, con asomo de las arrugas a nuestras caras, y algunos con pequeñas libras de más.

 

 

Los años, vuelan y pasan tan aprisa, que muchas veces no nos damos cuenta de lo rápido que se van quedando atrás. Ayer éramos niños con pantalones cortos, con la única responsabilidad de la escuela Y jugar.

 

Hoy somos hombres y mujeres con pantalones largos, llenos de ruidos de los tiempos, que no nos deja ver la maravilla de un buen abrazo de un amigo, de un buen consejo de un hermano amigo de la infancia azul.

Es el tiempo, es el mayor enemigo en que vivimos, no, nos deja ver que el pasado vivido, era mejor que el presente. 

La vida es un viaje, pero un viaje corto y el tiempo tan cerca de finalizar: que una vida no basta, para disfrutar de está máquina tan perfecta llamado cuerpo humano, ese cuerpo humano que nos va abandonando poco a poco con los zapatos gastados de caminar.

Al tiempo, hay que aprovecharlo, cuando está en nuestras manos, hay que decirles a los amigos lo mucho que lo aprecian y los recuerdas en los momentos buenos que vivieron en su patria chica, porque de eso se trata la vida de recuerdos, de momentos, que es verdad que no vuelven nunca más después que la hoja de calendario es pasada.

Los amigos de la infancia, aquellos que aprendimos juntos a descubrir el mundo por las ventanas de los ojos sin lentes, sin la malicia de la madurez aquellos amigos que caminábamos juntos cargado de libros al colegio, donde construimos nuestros sueños, pensando en los fines de semanas, para echarnos a correr e ir al cine.

 

Colegio Divina Pastora

Sin duda, el poeta Joan Manuel Serrat, en su canción: decir amigo, nos describe aquellos días azules de la niñez:  

[…]Decir amigo

es decir, juegos,

escuela, calle y niñez.

Gorriones presos

de un mismo viento

tras un olor de mujer.

Decir amigo

es decir, vino,

guitarra, trago y canción

furcias y broncas.

Y en Los Tres Pinos

una novia pa’ los dos.

Decir amigo

me trae del barrio

luz de domingo

y deja en los labios

gusto a mistela

y a natillas con canela.

Decir amigo

es decir, aula,

laboratorio y bedel.

Billar y cine.

Siesta en Las Ramblas

y alemanas al clavel.

Decir amigo

es decir, tienda,

botas, charnaque y fusil.

Y los domingos,

a pelear hembras

entre Salou y Cambrils.

Decir amigo

no se hace extraño

cuando se tiene

sed de veinte años

y pocas «pelas».

Y el alma sin media suelas.

Decir amigo

es decir, lejos

y antes fue decir adiós.

Y ayer y siempre

lo tuyo nuestro

y lo mío de los dos.

Decir amigo

se me figura que

decir amigo

es decir, ternura.

Dios y mi canto

saben a quien nombro tanto.

 

Es por eso digo, también haciendo un intertexto con Serrat, que  decir amigos, es decir también toda esas cosas que dice él, pero cada uno tiene su rambla, sus calles, en sus pueblos: por eso,  decir amigo es decir Calle, Luis E del Monte, Uruguay, y barrio Las Flores, decir amigos es decir Divina Pastora, Federico Henríquez y Carvajal, Colegio Morgan, decir amigos, es teatro Ercilia, el  Unión, decir amigo es  Parque central, o Parque los Suero, decir amigos, es decir escaparse de playa los domingos e ir a bañarse al rio Birán, decir amigos es decir Barahona, donde se quedo mi infancia, donde aprendimos a caminar, y empecé amar el mar de sietecolores.

Decir amigo, es recordar los diecisiete años cuando abrazamos  por primera vez una mujer distinta a las madres,  sobre la arena blanca de Bahoruco, decir amigo, es montar caballo, oler al verdor del campo y el melao de cañas de azúcar, decir amigos, es decir Jaime Mota, Malecón, Pez Dorado, decir amigo, son tantas cosas guardada en los recuerdos, decir amigos, son aquellos de mi infancia que compartíamos sin esperar nada, decir amigos son aquellos tiempos, cuando corríamos detrás de una niña sin hacerle nada, jugar a la botella, para robarle un beso fresco a una mujer.

 

Decir amigo, es recordar a los fotógrafos del pueblo, Toñito Lassi, con su lápiz de carbón retocando la fotografía y a Cheo, con su sonrisa inconfundible y una cámara en las manos, esperándote en el parque para capturarte en tiempo, por unos cuantos centavos, mientras tu madre con un pañuelo en la cabeza, con su sonrisa de sueños nos arreglaba al mundo entero, decir amigos, es camisa blanca, pantalón azul y medias negras en el colegio, decir amigo es recordar aquellos tiempos, cuando corríamos sin preocuparnos del mañana, decir amigo es decir Karate, Básquetbol, sin reprocharme, decir amigo, es pensar que un día nos marchamos a estudiar a la universidad y regresar cada fin de mes con deseo de volver otra vez, decir amigos, es Batey Central, por donde caminaba para ver mi primera novia, decir amigo, es ir a cenar en la cafetería Yeny, o ir al restaurante alas del Caribe, decir amigo es la Casita Blanca, decir amigo, es escuchar el sonido la mar de sietecolores, es escuchar en el viento salobre contarme las historias de diablo viejo, sentarme en el malecón del hotel Guaroguya, y caminar hablar con Vicente en el restaurant la bahía, decir amigo, es escuchar la sirena que, anunciando la hora de la siete de la mañana o las doces del media día o la seis de la tarde.

Amigos de la infancia azul
Bañándose en el rio de la playa San Rafael.

 

Decir amigo es mirar tan lejos de lo que fue la infancia, que ya se fue, decir amigos es llevar los recuerdos de mi infancia donde quiera que voy sin olvidar los amigos de la niñez azul.

 

Autor: marinoberiguete

Abogado, escritor. Magíster en Ciencias Políticas, Universidad Pedro Henríquez Ureña, Magíster en Relaciones Internaciones, Universidad Pedro Henríquez Ureña, Post grado en Procedimiento Civil, Universidad Autónoma de Santo Domingo, Gerencia de Campaña, Fundación Konrad Adenauer, Venezuela IFEDEC. Consultor Político Catedrático Universitario. Universidad Católica de Santo Domingo Universidad Pedro Henríquez Ureña.

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