Trece cuentos supersticiosos del sur, un microcosmos de Marino Beriguete

» Donde lo inverosímil se torna real en la narrativa»

 

Por Víctor Escarramán H. (escritor invitado)

 

 Todo autor reconoce, que los posibles disfraces amordazas que pudiéramos intentar inyectarle a un personaje en su perfilación psicológica, en la actuación social o a la expresión del lenguaje, asomarán luego en el relato, porque es un dogma que tales características y sus matices, funcionan como sellos naturales del personaje, en el relato convertido en persona. Lo anterior se sostiene, porque dichos seres (los personajes), de repente se sublevan, dejando como resultado que ellos mismos definen y aproximan su carácter al desarrollo particular de cada historia. 

   Ese aforismo es lo que sucede con los personajes que deambulan en las páginas de Trece cuentos supersticiosos del Sur, donde todos ellos o son creyentes de la hechicería, porque las costumbres de sus pueblos determinaron queasí debían nacer y morir o porque los habitantes de los pueblos que los crean, los condicionen a ese protagonismo.       

  El primer ejemplo de nuestro axioma, lo encontramos en la portada de la obra, constituyéndose en un anzuelo provocador de expectación del lector. Desde el mismo instante en que la mirada asoma sobre el libro, encontramos la enigmática imagen de un brujo sureño,que, ataviado por un trapo blanco en la cabeza, dos tirasnegra y roja que en forma de cruz le circundan pecho y espalda, más una colección de rosarios que bajan desde el cuello, como también una botella que se presume de aguardiente blanco, una cruz frente a su cara y tresvelones, nos enfrentan a un personaje de sonrisa retraída,asumiendo una pose inquietante. 

    En esa misma onda, nos sitúa el título, pues lareferencia al numeral trece,  estigmatizado por la cultura de muchos países con un manto misterioso y de malagüero. Es tanto así, que en Nueva York, la capital más cosmopolita del planeta, los elevadores de numerosos edificios sean de oficinas, hoteles o familiares, ignoran marcar el piso 13, sustituyéndolo entonces por el numeral 12A. Pero también, debemos aclarar que ese mito se ha extendido a otras sociedades continentales calificadas con altos niveles de intelectualidad. Lo mismo ocurre con famosas disciplinas deportivas del mundo, que en sus uniformes, no lo utilizan, invocando para ello, la mala suerte que dicho número arrastra. 

   Lo anterior toma dimensión especial, porque curiosamente el trece, se hace acompañar en el título, por el adjetivo supersticioso, lo que psicológicamente nosmete en una centrifuga misteriosa y ciertamente es ese, el núcleo sobre el que se ha fundado el abordaje narrativo del libro, pues precisamente son el ocultismo y el espiritismo las creencias humanas que permean el pensamiento de los personajes de las ficciones, por ser estas, costumbresarraigadas y habituales de muchos de los habitantes de la región. En el caso Republica Dominicana, el martes 13, es un día, nunca sugerido ni para casarse, muchos menos para viajar.     

  Con su obra, Marino Berigüete un narrador de vocación resuelta, extrae la sangre vital a la piel sociocultural de los pueblos del sur, desnudando la naturaleza mental y el comportamiento social pueblerino, así como la actuación de los espíritus desajustados y de las almas necesitadas que deambulan a la deriva. Almas, que, como aves carroñeras se adueñan de la psicología y las necesidades humanas de las comunidades de: Barahona, San Juan, El Peñón, El Limón, Cabral, Enriquillo y otros pueblos. Estas villas, arrastrados por el frenesí de atenuar sus males espirituales, morales, amorosos, económicas o de venganza personal fuere por instinto propio o motivados por amigos, vecinos o familiares; caen en la vorágine de la superstición y la magia negra tentáculos de los que generalmente terminaban engañados o avergonzados por las misma malas artes de los oficiantes. 

   En razón de que el título de la obra nos coloca en una línea temática coherente, pues, todos los cuentos están enfocados en la vertiente de la “superstición” y a modo de síntesis, nosotros, para mostrar una porción de la esencia del libro, hemos seleccionado siete textos como ejemplo representativo de los trece, una tajada, que nos ha permitido concebir una idea del estilo, la sensibilidad, el enfoque, el testimonio y la estética narrativa del autor.  

    Así, en el cuento que abre el telón, titulado “La Ciguapa” se describe: aún lejos divisó una mujer. Su piel era dorada como el atardecer. Su cuerpo estaba cubierto sólo por una larga y gruesa cabellera negra, que caía másallá de la cintura. Tenía los pies al revés y caminaba con los talones de frente (…) la silueta (…) era la de una diosa indígena. (pág.9). La interpretación del texto nos retribuye la facilidad con la que el hombre se deja cautivar por el encanto de una voz seductora. “¿Por qué usted no me lleva?, le dice ella a Virín, produciéndole otra vez al hombre, un cosquilleo inexplicable y una sensación de somnolencia y placidez.”(pág10).

    Nos recuerda los famosos empujones o bolas solicitados por solitarias mujeres que merodean en la carretera para que se les transporte de un lugar a otro, una actuación que también encontramos en películas, ángeles auspiciadores de interesantes escenas. De repente, el lector se ve en la necesidad de cambiar el tono emocional, pues la propuesta de la ciguapa, sin duda encarna una denuncia o advertencia sobre las sorpresas, asedios y peligros que merodean en el resbaladizo camino de la vida, que como la serpiente contribuyó a rebosar la copa del pecado en Adán y Eva, aquí lo señalamos por la eventualidad del sexo fácil que puede enfermar o la posibilidad de un crimen que la ciguapa pudo haber cometido y por el que le convenía compartir complicidades. Igual analogía de tipo moral podemos realizar con el hombre que luego de agotada su jornada laboral, camino a su casa, alberga sus trastornos en la opacidad del juego de casino, en la casa de juego de villar o en las tinieblas de un prostíbulo.                  

    Aunque en ningún caso, podríamos calificar como pecado la actuación de Virín y su consorte, lo que si emerge en la trama, es el precepto o desenlace negativo en lo moral, que nos deja el texto. Para ello, podemos tomar como ejemplo el hombre que pierde la perspectiva de su vida normal, por un universo de asecho y riesgo, creado bajo el hechizo de la sensualidad ofrecida por la ciguapa, que para lograr cristalizar su maquinación ofrecía placer y oro: Ambos cuerpos danzaban a un mismo ritmo, revolcándose como dos bestias para alcanzar algún destino; pero las fuerzas fueron dejando a Virín…)(pág.14)).

      Luego de la consumación del placentero acto y en cumplimiento a lo prometido: Recogió lentamente el oro, lo echó en un macuto, desamarró el burro y cuando se disponía a marcharse, sintió de nuevo la fuerza que lo atraía al lago(pág.14). El lago Enriquillo o Casa de Agua, era el espacio amoroso donde el atrayente  ser con vos y aspecto femenino, materializaba sus palpitantes actos sexuales luego de conquistar aquellos hombres, que regresaban a sus casas, después de haber cumplido sus jornadas de trabajo y que transitaban fatigosos y agobiados por los polvorientos caminos; lugares donde según el drama, cada cierto tiempo desde la espesura de los matorrales de guasábaras y bayahondas, salía sigilosa a conquistar sus víctimas.

    A pesar de que el personaje La Ciguapa, solo existe como parte de un mito, tanto la cultura popular como la literatura dominicana, le han asignado un cierto valor de realidad y es la causa, por la que en el relato el autor logra perfilarla para que actúe estereotipada dentro de los límites de la atmosfera argumental del cuento—como eje de la trama—. De tal manera, que aun viviendo en un infrecuente y ficticio lugar, bajo el agua, donde solo ella y con el impulso de sus pensamientos podía crear un remolino, agrietar la tierra fangosa del lago y acceder a su morada, algo que cualquier lector pudiera calificar de inverosímil, pero que en la trama el mitológico personaje realiza su papel bajo un ambiente narrativo de naturalidad y certeza.  

     En el siguiente texto titulado: Ese si era un santo, preferimos iniciar así: Ese niño era un santo, murmuraba la gente que se acercaba al féretro.” “Es verdad que la gente buena dura poco”, decían otros. (pág.31) “Yo tenía una seca en los testículos, vine donde él, me hizo unas tres oraciones con tizón (….) y la seca se curó (pág.33).Nos cuenta sobre un niño que antes y después de muerto fue catalogado por la gente del pueblo como un Angelito enviado por Dios, dado los poderes espirituales sobrenaturales de curación de enfermos a través de los ensalmos que realizaba, por vía de la adivinación de números de lotería o a través de la sugerencia de novios futuros a solicitud de las muchachas que vivían agobiadas por efecto de su mala suerte para los influjos del amor. Es así, como sobre el nombre y la tumba del niño se creó no solo una leyenda, sino un espacio donde la gente del pueblo acudía a rezar y en el ambiente de dichas oraciones vaciaban sobre el sepulcro sus abatimientos, necesidades, sueños y esperanzas: Después de varios meses, a la tumba acudían a diario decenas de personas que dejaban flores, dinero, arroz, velones, pues decían que Manuelito había intervenido después de muerto en algunos milagros. (pág. 36)

    Las citas de estos diálogos nos permiten apreciar la fuerza de los recursos narrativos utilizados por el autor, exhibiendo con madurez, elegancia artística y una elevada sensibilidad creativa; las tradiciones del lenguaje de su región. Como ilustración o provecho, el cuento nos recuerda que sobre cualquier actuación que realice una persona, dejando huellas positivas en la mente del grupo colectivo beneficiado, sea por lucro o por ventaja de la población; con el impulso de la tradición popular, se crea un santuario de peregrinación, de religiosidad, contemplación o misticismo,  sobre el nombre del personaje, devoción que se puede replicar en cualquier lugar de la tierra. En nuestro país sucede con la señorita Elupina Cordero, en México con la adorada virgen de Guadalupe, en Venezuela, con el venerado José Gregorio Hernández. 

    El siguiente relato “El bebedizo milagroso”, de entrada nos mete en un ambiente de enfermedades, medicina casera y pleitos matrimoniales, actuaciones y costumbres muy tradicionales en todos los campos y pueblos de nuestro país. Además de las fuertes creencias en la santería, en este cuento, se recrean los conflictos normales de la pareja, la misoginia y el control del poder matrimonial, que de momento son narrados en forma estilizada; en otras, con rasgos muy crueles, como podemos apreciar en el texto que sigue, donde mostramos la bestialidad de un prototipo de marido de los que entienden que la mujer es una esclava.: Un día Armenio llegó cansado de la finca(…). Su mujer había cocinado temprano y se fue al rio a lavar la ropa de la semana. La comida estaba servida. Cuando se sentó a la mesa y se echó el primer bocado, ahí mismo estalló la pelea, como si fuera una bomba(…). El hombre se paró bruscamente de la mesa tirando la silla hacia atrás y los platos al suelo, lleno de ira, temblando de rabia. (pág.38). 

    Como vemos, se trataba de un hombre tosco, grosero, inconforme de todo, mentalmente insensible, amorosamente seco y hastiado. Nos referimos a un tipo incapaz de valorar el esfuerzo de su compañera que fehacientemente había mostrado consagración y afecto al trabajo hogareño y a su obligación de esposa y, que por el contrario, él, se deleitaba con llenarla de inseguridad y desventuras, miserias que había arrastrado desde la calle, cuyas causas desconocía la mujer. 

      Aparece también en el texto, un clásico y pernicioso personaje. Uno, al que podemos encontrar en cualquier esquina, barrio, colmado, edificio, ofician o en la fiesta. Me refiero, a la estrella de la simulación y la palabra, es el espécimen mejor conocido en el planeta. Me refiero a la vecina chismosa. Se trata de una plaga social, de innoble, espíritu oscuro, patológicamente generador de dispersiones, divorcios y muertes. 

    Esta vecina, después de asumir la actitud de persona sumisa, cual serpiente inofensiva y luego de meter su ponzoña con fabulas tóxicas, dibujaba su carita de yo no fui, como la gatita de María Ramos.: Vecina, perdóneme que me meta en sus asuntos personales. Yo sé que los pleitos con su marido no son cosa mía, pero le digo con toda sinceridad que creo que a su marido le han dado a beber algo de brujería, algún agua de tindanga.(pág…39).La indiscreta vecina primero investigaba informaciones de cada uno de los esposos, las que luego, cruzaba con ellos mismos, advirtiendo a uno y otro, que no debía comentar lo tratado. Luego, los motivaba a ir con ella donde el brujo Nicolás bajo la premisa de que el hechicero con sus habilidades de adivinador y los remedios que le daría, resolverían los problemas económicos y maritales de la pareja. ¿Y usted cree que ese brujo puede saber lo que pasa en esta casa?, cuestionaba Aurelia. ¿Cómo que si sabe vecina? “Usted no ve cómo anda el mío detrás de mí, que parece un perro faldero de manso.(pág.39). Aunque el relato no lo expresa, en la subtrama se percibe como dato escondido, “que el auxilio de la vecina” era un ardid vulgar, para atraerlos como clientes al santuario del hechicero a cambio de una comisión que posteriormente el brujo le retribuiría

    Pero el llamado bebedizo milagroso, no era más que agua de tinaja, sin ningún añadido prodigioso para curar. En la segunda visita, el brujo le había indicado a Aurelia, hacer buches con agua de tinaja por largo rato. Le advirtió, que para que el remedio milagroso hiciera el efecto, debía ser exclusivamente cuando su marido llegara molesto de la calle. Como Aurelia era una de esas esposas locuaces, de las que cuando empiezan a hablar nadie encuentra el botón para apagarla, al tener la boca llena de agua, no podía responder ninguna de las provocaciones controversiales del marido, por lo que, Armenio, al no encontrar contraparte, se callaba la boca y se iba. La sabiduría que nos deja el cuento, es que la gente se deja engañar con facilidad cuando siente necesidad de buscar solución rápida a sus contrariedades, valorando cualquier sugerencia medicinal por más inverosímil o artesanal, que esta sea. 

    En “Los milagros de Lucia”, nos encontramos con un sincretismo curioso donde coexisten en una misma cabeza la brujería y la intelectualidad. Esa fusión, sui generis, se manifiesta con las habilidades de la bruja, que dentro de las destrezas brujísticas que le adornaban, hasta ensalmaba pasaportes para ayudar a la gente a obtener el visado de viaje a los Estados Unidos. Es más, mire, yo tenía muchos años visitando el consulado americano (…), buscando visa, y nunca me la dieron. Fui y llevé el pasaporte a doña Lucia, me lo santiguó y el cónsul no me preguntó nada y me dio visa, sin ni siquiera mirarme la cara.(pág.47)

    En la misma línea argumental se desarrolla el cuento “Amores embrujados” donde una hechicera haitiana de nombre Manuela, pero que ella misma decía, que no se llamaba Manuela sino San Antonio, porque cuando le llegaba el estado de exorcismo (montada, encantada o embrujada), todo su cuerpo se transformaba de mujer a hombre y hablaba como un hombre. De ahí, que para solucionar los terribles males de amores por los que pasaba la joven Maritza le sugirió: También tienes que hacer otras cositas…—Lávate tu cosa íntima y dale a tomar un refresco con esa agua, y cuando le des café, ponle tres gotas de sangre de tu luna. Ya verás, muchacha, que te vas a acordar de mí; además, muchacha, tienes que rezar en tu casa la oración de El Anima Sola.(págs. 59/60). Como se puede apreciar, el autor no solo articula con destreza y precisión cada contexto temático en sus cuentos, sino que también asigna a sus personajes la pertenencia y el carácter del lenguaje adecuado para robustecer tanto su estilo narrativo como la gracia de la creación.        

   En el cuento Mefistófeles, —el de mayor aliento narrativo—, el autor nos mete en el torbellino de una lastimosa y posible realidad humana y familiar, expuesta a través de un padre de familia. Nos referimos a Teódulo, que obnubilado por la toxina de la codicia, no limitó sus pensamientos y energías para enclavarse en la onda concluyente de vender al diablo tanto su alma como la de su hija Altagracia, una joven de 15 años: Coño, me voy a hacer rico, aunque tenga que venderle mi alma al mismísimo diablo, había pensado… (pág.79). Se trata de un pensamiento irreflexivo y desgarrador, cuando advertimos que la motivación de su deseo, no era otro que el de mostrar poder económico y social frente a las demás personas del pueblo. Aunque la madre desconocía las intenciones de un paseo que Teódulo, daría a su hija; por las explicaciones dadas y la suspicacia natural que afloran en los sentimientos y presentimientos de cualquier madre, en los instintos de la mujer se activaron los sensores del peligro: ¡Teódulo, Teódulo!, no te burles, recuerda que ella es un milagro de la virgen y que nació gracias a las penitencias que hacíamos… (…) (pág. 83).

    El texto nos cuenta que el demonio le había concedido todas las riquezas económicas y el reconocimiento social para que el hombre se exhibiera en el pueblo, como era su gran sueño, el de ser un individuo socialmente poderoso y familiarmente superior a los depauperados ciudadanos de la región. Pero su cerrazón no le permitió determinar, que al momento de estipular su acuerdo con Satanás, su contraprestación consistiría, no en devolver una parte de los bienes que había creado, sino en la entrega del alma de su única su hija y que el acuerdo, tampoco incluía cláusula de recisión: Teódulo se puso a esperar que las horas corrieran y a las 11:30 de la noche se llevó  a su hija al  cementerio viejo, esperó largo rato al ser extraño y a sus perros… pág.87. La actuación de Teódulo, nos deja como lección, que la avaricia, según el diccionario de la RAE: como el afán desmedido de poseer y adquirir riquezas y juzgada por la cristiandad como el tercero de los pecados capitales, constituye uno de los sueños que más arruinan la condición del ser humano. 

    La misma enseñanza que Mefistófeles, nos deja otro de los textos de la obra titulado: El dinero enterrado. ¡Aquíestá! ¡Aquí está! ¡Ya sí! ¡Mi hermano, ya sí! Con la pala tocaron para comprobar la consistencia…(pág.110). El cuento se refiere a una recompensa. El tesoro, popularmente conocido como botija, sobre el cual Juan y Urbáez, dos amigos, socios en negocios y parrandas, sin grandes necesidades económicas, decidieron desenterrar un féretro donde encontrarían un caudal, a pesar de la advertencia hecha por don Anyú, un viejo sabio delpueblo, en el sentido de que, era mejor que olvidaron aquello, porque el diablo siempre cobra    

      Los amigos, desoyeron el consejo y fueron por la promesa del sueño: Los dos amigos, sorprendidos por el crujido, se pegaron a la pared de la casa con las manos colocadas en los oídos. En ese mismo instante, cayeron muertos… Se cumplía así el pacto del tío de Juan con el diablo, según una nota encontrada en el féretro negro junto a los dos mal olientes cadáveres sin rostro, encontrados por el alcalde… (pág.110). El ejemplo a seguir es el dolor que ocasiona la avaricia, un precepto que nos calza a todos sin distinción social o profesional, pero más que nada, le sirve a los políticos y los ejemplos en esevariopinto zoológico, están al alcance de un recuerdo. 

De la lectura  de Trece cuentos supersticiosos del sur y a modo de reflexiones, podemos afirmar: 

    Que en la diversidad de perfiles en los personajes de Trece cuentos supersticiosos del sur, permite la conjugación de lo inverosímil con lo real, donde la fuerza de las más disimiles creencias mágico religiosas se entrecruzan en la parte más frágil de la razón humana, para luego caer en la órbita de un mundo mágico religioso. 

     Además de los matices socioculturales, folclóricos y las leyendas que de voz en voz se repiten, para robustecer el perfil narrativo en su obra de 167 páginas y 13 cuentos, Marino Berigüete, utiliza expresiones y vocablos propios del dominicano residente en aquellos pueblos, como también algunas locuciones del creole haitiano.

    Los ficciones comentadas nos recuerdan, que cada país, región o pueblo sea geográficamente continental o isleño, tiene sus propias costumbres, su forma de hablar, de pensar, sus variantes religiosas, sean estas, legales o producto de la costumbre, o por efecto de la migración donde las culturas se abrazan. Los textos, evocan: lugares, viviendas, animales, cafetales, ríos, montañas y paisajes de la región, graficados con determinación y emoción poética, testimoniando así, la belleza de su región mediante percepciones vividas, tal y como se aprecia en el siguiente párrafo: La noche descendía de las manos del manto sombrío de la oscuridad. Los bohíos se perdían en sus propias sombras, los polvorientos caminos se poblaban de figuras (…) imaginarias, los perros realengos, con apariencia cadavérica, deambulaban sigilosos bajo la tibia luz de la luna…El tiempo corría fatigoso, el aire, mas saturado que de costumbre…(pág.19).        

      La obra de Marino Berigüete en el trato uniforme que hace, al constituir un libro con un solo enfoque temático, encuentra similitudes con otros autores dominicanos—al menos los dos que recuerdo—, un tipo de arquitectura, que parece romper moldes, esquemas o paradigmas. Nos referimos a: Cuentos de visiones y delirios, del escritor michense Rafael Peralta Romero, obra en la que solo se narran ficciones relacionadas a las visiones, a los delirios ya las locuras (2001)y una segunda, titulada El callejón de las flores (1999)de la mocana, ya fallecida doña Ligia Minayaque solo toca los temas relacionados al comportamiento humano en el ejercicio de la sexualidad. 

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Ateneo Insular,   

Las Lajas del Caimito, provincia La Vega   

21 de noviembre de 2021

Marino Berigüete. Trece cuentos supersticiosos del sur. Santo Domingo, Editorial Santuario 2009.  

 

 

Autor: marinoberiguete

.DIPLOMÁTICO DE CARRERA. . CATEDRÁTICO UNIVERSITARIO. .ABOGADO, . ESCRITOR. Magíster en Ciencias Políticas, Universidad Pedro Henríquez Ureña, Magíster en Relaciones Internaciones, Universidad Pedro Henríquez Ureña, Postgrado en Procedimiento Civil, Universidad Autónoma de Santo Domingo, Diplomado en gerencia de campaña electoral, Fundación Konrad Adenauer, Venezuela IFEDEC.

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